Día 4 - 18/09

“Efectivamente nos levantamos temprano (algunos más que otros) y fuimos rumbo al Faro San Diego, el faro más al este de Tierra del Fuego. 

Fueron 6 horas de navegación, la mayoría timoneando Uri. Hubo bastante viento y olas… y hubo soldados caídos. En Pic la Lune, empezó Juli diciéndole al capi “creo que voy a vomitar”. Acto siguiente Juli invocando a “Hugo” por popa y el capi sosteniéndola mientras se concentraba él para no vomitar. Su cara fue imperdible. Juli entró a dormir y, luego de una caída importante desde la cucheta hasta el piso, se acostó a dormir en el piso del velero a dormir ya que a) no tenés posibilidad de caerte y b) sentís menos el movimiento del velero. Luego cayó Joe. Esta vez lo sostuve yo. La diferencia es que Joe vomitó a Barlovento (de donde viene el viento), cosa que nunca hay que hacer. Pero en ese momento dramático no se podía decir mucho más que acompañar. Tuve que hacer un ejercicio de concentración de 45 minutos, repitiéndome “yo estoy bien” “yo me siento bien”, porque, como el bostezo, el vómito es contagioso. Al rato ya había entrado en sintonía con las olas y estuve bien. “

Foto: Joel Reyero (@naturalflash)

 

Foto: Joel Reyero (@naturalflash)

“En la cubierta estuvimos Uri y el capi y yo la mayoría del tiempo. Nati, Juli y Joe durmieron todo el rato. A veces es mejor fundirse en el sueño que concentrarse en sentirse bien. Nos visitaron varios delfines australes.

 Llegamos al faro San Diego. A 24km de la Península,  se encuentra la Isla de los Estados con unas montañas nevadas impresionantes. Ni sabía de su existencia o borré completamente este conocimiento de la escuela. Entre la Península y la Isla de los Estados se encuentra el Estrecho de Lemair, esta ruta marítima, que evita pasar al este de la isla de los Estados, es una zona difícil de navegar por sus estrechas y fuertes corrientes, la presencia importante de Laminariales (un orden de grandes algas que crecen en bosques submarinos)  y por un viento recio de la Patagonia, el Williwaw. Es por esto que se han producido en sus aguas un gran número de naufragios. La bahía contaba con un bosque de macroalgas increíblemente denso. Había una claridad en el agua impresionante. Me dieron muchas ganas de ir al agua.”

“Los buzos, a pesar de las dificultades en el camino, realizaron un buzo científico, sacando 3 macroalgas por transectas, así Nati y yo las medimos y las pesábamos. Alta dupla se armó.

Las macroalgas son fundamentales no solo por su capacidad de capturar carbono, sino también porque alberga muchos otros seres vivos como krill, estrellas de mar, mejillones, poliquetos (son gusanos marinos). Al igual que los corales, se los llama ingenieros ecosistémicos por su capacidad de crear ecosistemas únicos, con especies que viven solo si existe el bosque de macroalgas. 

Cristian tuvo un encuentro mágico con un pulpo. Curioso, se acercó a él y le agarró el brazo por más de 45 minutos. Casi no lo dejó hacer las tareas científicas. Impresionante! “

Cristian y Mi Maestro el Pulpo. Foto: Joel Reyero (@naturalflash)

“En un momento, Atilio ve a lo lejos dos boyas naranjas. Fue con la lancha hasta la costa a rescatarlas. Volvió a la media hora y comentó que muy cerca había un lobo marino. ¿Qué habrá interpretado ese bicho de las boyas? ¿Naturalizan su presencia? Lo increíble de encontrar este residuo en una zona remota es que eventualmente se fragmenta hasta ser micro plástico. Un héroe Atilio – muy Unplastify.

Ya cerrando el día, sacando la última alga, Cristian hizo su danza de “Soy Macroalga”. Un poco de contexto: nuestra estrella del viaje, la sirena mexicana Cami Jaber, realizó un corto en dónde la filman nadando en un cenote relatando la importancia de protegerlos y el peligro que presenta el tren maya para la conservación de estos ecosistemas. El corto se llama “Soy Cenote”. Bien cordobés, el Cristian hizo una imitación contextual muy graciosa. Nos tentamos demasiado. Está todo documentado.

A la noche fuimos a Bahía Buen Suceso a dormir. Navegué un rato por el “Estrecho Le Mair” hasta la Bahía (copiar texto de blog). Allí hay un puesto de la armada y, por lo general, cuando pasas por un puesto de la armada o de prefectura, tenés que decir cierta información como el nombre de tu embarcación, la matricula, la cantidad de tripulantes, las coordenadas, entre otra info. Diego siempre terminaba diciendo “buen turno” (algo así) y me parece un detalle gentil. Esa noche no nos preguntaron inmediatamente la información – raro. A las 3 horas hacen radio al Ksar, preguntando por la información. Las coordenadas no las sabía Atilio y, cómo no tiene tiempo para preguntas absurdas, apagó la radio diciendo que sus computadoras estaban apagadas. Apagó la radio asegurando a sus tripulantes que “seguro Diego respondería”. Diego, escuchando el intercambio entre la armada y Atilio se preguntó: “será muy de tía rosa meterme en la conversación para responder las coordenadas?” Atilio no estaba respondiendo ya – porque había efectivamente apagado la radio, y Diego responde orgullosamente las coordenadas. Nos enteraíamos de esta sincronicidad en la última cena, descostillados de la risa por la actitud de “no me rompan” de Atilio y cómo se conocían tanto entre los dos que Atilio confiaría en que Diego respondería por él.

Esa noche hicimos nuestra rutinaria picada, a pesar del cansancio, y arrancaría una de las noches más divertidas. Hubo historias de amor y desamor. Diego actuando increíble lo que era caminar con el bebé de una de las integrantes del comité del club que recientemente había sido madre y cuando iba a reuniones hacía pasamanos de su hijo. Nati hizo un show de sombras en una especie de teatro chino – se ubicó en su cucheta, detrás de las cortinas y prendió una luz de fondo que hacía sombras de sus manos - que nunca olvidaremos. Trataron sobre dos salidas en Tinder y los eventos desafortunados de ese tipo de citas incómodas y un poco forzadas.

Hubo durazno al almíbar con crema batida por Uri. Descubrimos el don de Uri de ser batidora con 3 tiempos. Esto se volvió fundamental para el resto de la navegación. También hubo café irlandés – café + crema batida + whisky. Fue una panzada de comida y de risa.”

Imagen de expediciones anteriores

Estrecho de Le Maire

Mensajes vía satelital:

El equipo estuvo en el Estrecho de Le Maire, un pasaje marítimo que separa la isla Grande de Tierra del Fuego -al oeste- y la isla de los Estados -al este-, comunicando el mar Argentino con el mar de la Zona Austral.

Esta ruta marítima, que evita pasar al este de la isla de los Estados, es una zona difícil de navegar por sus estrechas y fuertes corrientes, la presencia importante de Laminariales (un orden de grandes algas que crecen en bosques submarinos) y por un viento recio de la Patagonia, el Williwaw. Es por esto que se han producido en sus aguas un gran número de naufragios.

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